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Síndrome de Estocolmo: Tercera y última parte de “El Secuestro de la Democracia: Elecciones 2010”

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Después de muchas, muchas semanas, de sequía creativa motivada por diversos factores (tal vez uno de ellos el que propicia que escriba de madrugada) no puedo, sin embargo, dejar pasar la oportunidad de finalizar esta serie de posts que me propuse, mal que bien, realizar.

Ha llegado la hora de votar en 14 estados del país. Entre escándalos, burlas, niñerías y vulgaridad (Durango); entre asesinatos de candidatos o gobernantes municipales (Tamaulipas, Oaxaca); entre aprehensiones ordenadas por jueces federales ( Quintana Roo); el secuestro de Diego Fernández de Ceballos y el Mundial de Futbol; entre masacres, declinaciones y mucho, mucho más, es hora de votar.

Ojalá fuéramos una sociedad realmente democrática (como lo he expresado en los dos post anteriores) Ojalá, por lo menos, el voto no estuviera cocinado en un caldo de hipocresía donde los estrategas son capaces de contradecir sus más sinceros y presumidos principios para ganar. Ojalá algunos gobiernos de los estados, algunos gobernadores priístas y Beatriz Paredes, no pretendieran vernos la cara de estúpidos, denunciando las irregularidades y apoyos federales (panistas) a los candidatos blanquiazules en diferentes entidades (en Alianza, o  no), cuando ellos hacen eso y más en sus “comarcas” y “principados” (caso curioso el de Aguascalientes, por ejemplo, donde un frustrado gobernador emanado del PAN, apoya al PRI)

Ojalá no viéramos en uno y otro estado, cómo los mismos apellidos del pasado se repiten una y otra vez en las boletas, aferrándose al poder; con  ésta su sangre y linaje familiares, y  como criaturas de una película de ciencia ficción donde, en un campo de huevos fecundados, emergen de sus cascarones los alienígenas y se aferran a la cara de sus portadores, como un virus, y los penetran para consumirles, tarde o temprano, la vida, mientras se reproducen sin parar.

Son las “nuevas” generaciones, dicen. Ojalá fueran REALMENTE nuevas.

Ha llegado el momento del voto, el próximo 4 de Julio. ¿Será, pregunto, una vez más, el voto influenciado por la dádiva, la emoción del evento  y la camiseta?  ¿Será el voto de las mayorías empobrecidas que,  desafortunadamente,  carecen de las herramientas e información para reflexionar con  sentido realista, en el futuro de nuestro sistema de gobierno, y de nuestra DEMOCRACIA?

Es un círculo vicioso. Mantener a las personas dentro del mismo es lo más cómodo… y mantenerse con un “hueso”, también ¿Por qué no pasar, después de la honesta y productiva gestión como representante popular,  a mejorar la educación o la academia? o ¿por qué no fundar un Instituto de Estudios Políticos o una empresa para dar empleo a algunas decenas de personas? ¿Por qué en cambio, me pregunto yo, la necesidad obsesiva de irse rolando la curul?  (No estoy en contra de los políticos de carrera, pero si desapruebo las carreras de algunos políticos)

En México hay terrenos de grada (no dentro del “cuerpo técnico” o el equipo o los partidos políticos) desde donde se pudieran hacer algunas cosas buenas por el país; terrenos  neutrales, donde neutral no significa “indefinido”, sino objetivo y responsable: algo producto del análisis de las circunstancias en pos de un resultado inteligente, efectivo y enfocado  lo más posible hacia el  beneficio de la comunidad, de la sociedad.

Pocos de estos terrenos, por desgracia,  funcionan como neutrales.

Está el ámbito de los servidores públicos, que una vez ganando el puesto no deberían tener preferencias de equipo, color o partido. La misión debería simplemente ser EL SERVICIO ( no el autoservicio)

Hay otros terrenos, como el de los Medios de Comunicación, pero en éstos la contaminación ha llegado tan profundamente que muy pocos son los que no ceden al brillo del poder y de las ganancias fáciles que les ofrecen los que están en él. Somos muchos los culpables de esta particular forma de vida.

Hay más terrenos neutrales, como el de  los consejeros “ciudadanos” electorales, por ejemplo, que desafortunadamente llegan a sus cargos por medio de negociaciones partidistas, arbitrarias, casi maléficas y nepotistas.

¿Qué nos queda a los demás? Creo que, primeramente, ser reflexivos y autocríticos; tratar de hacernos escuchar, educarnos, informarnos y buscar la forma de actuar con libertad e independencia; buscar que nosotros mismos reconozcamos nuestro poder de ELECCIÓN y hacérselo notar a otros.

La tribuna en un estadio de Futbol está llena de masa. Esta masa, como en una panadería,  es fácil de manejar (finalmente, ya está moldeada). Pero si nosotros, como parte de esta masa, nos rompiéramos en miles de moléculas y átomos individuales, pero al mismo tiempo estando unidos, no sabemos lo poderosa que podría ser nuestra energía. La potencia liberada de un átomo es mayor que la de  los millones de átomos de un proyectil de arma de fuego.

Seamos proselitistas de la razón, tomemos partido no por nuestros miedos o por las narcóticas promesas, dádivas o amenazas de los dueños del juego.

Un modelo de sociedad que funciona más allá de todo eso es quizás utópico, pero va siendo posible. Antes, hay que reconocerlo, las leyes de este sucio deporte político llamado “Proceso Electoral” eran más asquerosas en México; ahora, por lo  menos, tenemos la gran posibilidad de que los votos sean realmente contabilizados como se emitieron ( por eso ahora la estrategia para “ganar” es distinta).

Esta conquista no pudo haber sido posible sin las luchas de muchos, pero tampoco pudo haber llegado cuando llegó sin la anuencia de un político que poco se menciona en estos días: Ernesto Zedillo Ponce de León, quien mal que bien, a fuerzas o con ganas, dio la apertura para la alternancia presidencial en un país donde sólo existía la hegemonía del PRI.

Lo triste es que en uno y otro lado se cuecen habas: tanto en el PRI , como el PAN , en el PRD y en las alianzas. A fin de cuentas, sea cualquier color o cualquier partido, todos están cocidos en el mismo guiso: pero nosotros tenemos el cucharón por el mango.

Hay que hacernos, por lo menos, oír; hay que hacer notar que en la tribuna estamos algunos que usamos la cabeza no sólo para portar la cachucha;  y la boca, no sólo para gritar vivas o rechiflar. Hagámoslo como podamos… estoy seguro que somos más de lo que algunos se imaginan.

La democracia en México seguirá secuestrada si no cambiamos; nosotros, somos sus captores. Extrañamente, no obstante, somos víctimas también… Y parece que cada día más, el Síndrome de Estocolmo es habitual en nuestras vidas.

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