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LA POLÍTICA Y EL JUGADOR NÚMERO 13

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(El Secuestro de la Democracia: VOTO 2010 (2a. Parte))

Las acciones realizadas por un grupo para lograr sus objetivos están orientadas por principios e ideologías que contemplan el bien de la mayoría de los miembros de dicho grupo. Esto es “política”

En el terreno de la integridad personal se empiezan a forjar los ideales (los democráticos, por ejemplo);  es donde empiezan a crecer las semillas en el individuo, el cual en el  camino se une a otros  formando así una ideología que puede prosperar en la historia, y por generaciones mantenerse, recrearse y alimentarse continuamente, a veces con cambios radicales,  sin cambios en lo absoluto, o simplemente con “aparentes” cambios.

En este camino y abriéndose paso entre las ideas surgen los líderes, algunos auténticos demócratas, que van perfilando a capa y espada los cambios que perciben necesarios, y que al ser aceptados o compartidos por otros,  les van ganando adeptos y también enemigos.

Esta es una carrera de lucha, de conquista, de estrategia y negociación; es una amalgama entre la integridad que sólo conoce en lo más íntimo de sí el individuo,  y los intereses de otros miembros de su grupo o partido. En este recorrer se forman bandos dentro de los bandos, se pierde y se gana, se deja ir, pero también se toma.

Es en el terreno de la integridad personal donde también  las posibilidades de una auténtica democracia se pierden,  porque cuando a nivel individual  llega la oportunidad de servirse un poco más que los demás, casi nadie la deja pasar en aras del bien común. Las más de las veces, son pequeñas facciones dentro de grupos más grandes, las que se reparten el pastel (que, de sobra está decirlo, no puede ser comido solamente por una persona)

En la historia,  contados son los casos en que un individuo ha realmente sacrificado su yo, por el nosotros.

Y aunque en apariencia los grupos ( pongamos por ejemplo a los Partidos Políticos) buscan el “bien de la mayoría” en realidad no todos los que formamos parte de dicha mayoría participan o participamos en la toma de esas decisiones orientadas ideológicamente hacia dicho bien.  De hecho, al  interior de los partidos políticos, salvo que seamos miembros, no hay forma de ser real y auténticamente representados;  y pasamos a convertirnos, simplemente, en simpatizantes, seguidores,  o como se dice en las redes sociales: “fans”

Así pues, de estos grupos  se puede formar parte nuclear, o bien simplemente verlos jugar de lejitos, desde la grada.

Es como en el Futbol: no por muchos conocimientos del aficionado, o muchas habilidades como jugador, éste se encuentra dentro de la cancha o del cuerpo técnico.

Pero curiosamente el aficionado se siente a veces  tan integrado, que incluso llega a pensar que sus gritos ahogados desde la tribuna o sus decisiones y planteamientos estratégicos, son escuchados por el entrenador y los jugadores en medio del juego, y que realmente influye en el éxito del partido.

Hay un público cautivo, al que se le hace sentir importante en los ámbitos que los dueños del juego quieren que éste se sienta importante, pero no más allá.

En política, este público (“el jugador número 13”)  no se da cuenta en dónde radica realmente su importancia y su poder, no tiene nociones de ello, porque ha perdido su individualidad ( su libertad personal) y la ha cedido en aras de un color o un símbolo,  para conformarse ( tomar forma) como parte de una misma masa, que ya moldeada a capricho del panadero, se queda inerte… pero eso sí, bien divertida-distraída-entretenida- esperanzada.

Quiero reformular una idea del párrafo anterior: los dueños del juego SABEN realmente la importancia del público, incluso la saben más que el mismo público; pero usan métodos adecuados para que éste público pierda el sentido de dicha importancia.

¿Quiénes pueden o podemos hacer la diferencia? No nos hemos dado cuenta, pero si bajamos de las gradas con ciertas herramientas de conocimiento, de expresión de ideas y opiniones,  podemos entrar al campo… porque la reja que separa el césped de las tribunas, realmente está ahí porque los espectadores lo hemos permitido, porque lo hemos aceptado. Esta reja es, en parte,  una ilusión… pero sus custodios darán la vida por defender sus límites.

Por ello no se trata nada más de cruzarla, porque al hacerlo corremos el peligro de ser expulsados de inmediato, detenidos o, si se nos ve cierto grado de suspicacia y un poco de “futuro”,  ser atrapados en el juego -no necesariamente invitados a formar parte del cuerpo de jugadores o del staff,  sino atrapados- y convertidos con  suerte  en aguadores, conserjes, o limpiadores de calzado.

Así, muchos se pierden o nos perdernos en el limbo, entre la espada y la pared, en el terreno del pago quincenal y la satisfacción temporal y el miedo: el miedo a perder lo poco que tenemos, a ser despedidos, a no ser contratados de nuevo. Nos perdemos en el miedo porque ahora “sí somos parte del equipo” y  las más de las veces olvidamos que cuando bajamos de la tribuna, veníamos con un ideal: el de realmente representar al público.

Bajar de la grada requiere preparación y valor. Bajar de la grada requiere alianzas con otros que quieran bajar contigo pero que tengan la convicción de que al hacerlo, no pasarán a formar parte de ningún equipo. No se trata de no tener partido o identidad, de no tener color o bandera. Pero ¿realmente son los dos equipos que están en la cancha o los miembros de la liga los que nos representan? Portar la gorra o la camiseta de uno de ellos, no significa que seamos parte de ellos… eso es lo nos  hacen creer ( y a veces con métodos muy efectivos)

Si tú no estás formalmente adherido a algún partido político, estás como muchos de nosotros, en la grada.

La gente preparada, con ambiciones o ideales de un futuro democráticamente efectivo ( no partidistamente efectivo) es la que debemos bajar . La mayoría de esta gente estamos en la clase media, y aunque en número no somos más, sí lo somos en recursos educativos,  profesionales e intelectuales, y de esa manera, podríamos  influir en las mayorías.

No se puede hablar de democracia cuando el poder político reside en minorías. Ni siquiera un gran número de  votos efectivos y contabilizados son prueba de esta democracia.

La mayor parte de los  votos en México, todavía, aunque sean tomados en cuenta, carecen de reflexión y de verdad; porque detrás de casi todos estos votos, hay voluntades  atemorizadas o poco visionarias; hay dádivas, necesidad,  ignorancia, distracción y diversión masivas. Son votos sumergidos en la falta de memoria histórica, en la costumbre de verlo todo perdido y conformarse con poco. Delante del votante y la boleta, hay un velo de desinformación teñido en colores de alta denominación monetaria, y cultivado al solaz de las negociaciones en lo oscuro, en donde la democracia brilla, pero por su ausencia.

Ojalá la política fuera  la actividad en donde los objetivos buscados fuesen realmente los de la mayoría (la democracia) Ojalá la política fuera el juego en donde los espectadores en tribuna son los menos; y los más,  estamos también en la cancha: siendo árbitros, autoridad, comité y confederación al mismo tiempo.

La participación ciudadana, en una sociedad como la nuestra, es la que debería tener más importancia. Cómo es posible que nuestros destinos se decidan por los pocos que forman parte de los Partidos Políticos, ayudados, para colmo, por nosotros mismos.

P.D. No tengo nada en contra del Futbol

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